Magisterio (y van 2)
El otro día volví a comer en la cafetería de la facultad de Magisterio. Es la segunda vez este año, y la primera no fuera muy esperanzadora, pero estaba empeñado en no comer en mi facultad, así que convencí a Pata, y allá fuimos.
Cuando llegamos había como 4 ó 5 mesas ocupadas, muy pocas, pues tiene cerca de 20 mesas, aparte del comedor. Nos sentamos en una que ya estaba preparada para comer menú, y esperamos. Había un camarero en la barra, y dos moviéndose por las mesas, aunque uno de ellos estaba destinado al otro comedor que tienen, que debía de haber una excursión infantil o algo así (más tarde vimos a un grupo de niños salir). Y seguimos esperando.
Después de unos de minutos, y un par de temas de conversación, entró un grupo de cuatro chavales, que se sentaron en una mesa bastante alejada de la nuestra. La camarera dedicada a la cafetería hacía viajes seguidos, pero hasta el momento no parecía haber reparado en nosotros. En quien sí reparó fue en los nuevos clientes. Debe de ser que al ser un grupo más numeroso que el nuestro era más fácil fijarse en ellos, así que seguimos esperando mientras los atendía, ya buscando a los camareros con las miradas y los gestos.
Con cara de tontos nos quedamos cuando, pese a llamar ya casi a gritos a la camarera, ésta ni tan siquiera nos miraba. Ah, no pasa nada, ahí viene el camarero veterano, que tantas veces nos ha atendido: "Oye, perd..." Sorprendente, pasó de largo sin inmutarse. En estos casos siempre me da por pensar... ¿no será que han leído mi anterior crítica? De momento concuerda: ¿No te quejabas de que te atendimos demasiado rápido? Pues ala, ahora vas a estar ahí sentadito un cuarto de hora hasta que te miremos. Eso explicaría también por qué el camarero pasó de mí cuando le llamé... xD (léase la anterior crítica).
El caso es que ya habían pasado los diez minutos, Pata y yo ya nos estábamos partiendo el culo ("A ver, ¿dónde está la cámara secreta?"), cuando de repente el camarero de la barra se da cuenta de nuestra desesperación. Entonces nos hace un gesto. Por fin. Al momento se plantan a nuestro lado él... y la camarera. "No, si con uno sólo nos llega, gracias." Entonces nos pregunta si hemos elegido ya. Ja. ¿Que si hemos elegido ya? Encima vacilando. "Como para no haber elegido con el tiempo que llevamos esperando", le suelto. Es bastante curioso: normalmente la gente se indigna en estas situaciones. A Pata y a mí nos daba la risa. Ni que decir tiene que los cuatro chicos del grupo ya casi estaban en el segundo plato.
De la comida poco voy a decir. Ensaladilla Rusa de primero, Milanesa con patatas de segundo. Aún no había acabado el primer plato y ya tenía el segundo (No, si después el servicio fue bueno). Se nos acabó el pan, para variar, y nos trajo más la camarera sin decir nada. Cuando terminé el de la barra me ofreció más. El único detalle negativo fueron las patatas, que además de ser congeladas estaban muy poco hechas, y daban un poco de asco. Creo que no he comido en mi vida patatas más horribles que esas.
Entonces vino el postre, arroz con leche. Si en la anterior ocasión ya había descrito ciertos problemas con este apartado, provocados por el camarero, hoy no puedo sino mencionar lo mal hecho que estaba ese arroz con leche.
Si han leído mi primera crítica (seguro xD), no creo que hayan elegido el mejor camino para mejorar en su servicio. Como lean esta... es probable que la próxima vez que coma allí acabe en el hospital por indigestión. En cualquier caso, sería un poco estúpido volver de nuevo. Me temo que, sin embargo, siempre encuentro algún motivo que me invita a hacerlo: en esta ocasión, me he enamorado de los ojos de la camarera, una chica joven que parecía bastante inexperta en el sector, así que se le perdona todo (por inexperta, no por los ojazos que se gastaba, que conste).


1 Comentario:
Abrá que ir a comer a esa facultad.
No por la comida o el servicio. Si no por los ojazos de esa camarera.
Publicar un comentario