domingo, 24 de mayo de 2009

Workin' for a Livin'

Una de las cosas que tiene usar el Google Reader es que en cuanto ves alguna entrada perdida por Internet que te interesa, metes el blog en tu lista de RSS, y al cabo de un tiempo tienes blogs que no sabes como llegaron, y pueden pasar dos cosas: que no te interesen lo más mínimo, o que te encuentres con un poco de sabiduría inesperada.

Raciones de lo segundo obtendrás si lees Asco de Vida, uno de esos blogs que están ahí sin saber muy bien por qué, y que a veces me proporciona algún texto interesante. Éste será mi ejemplo, y tema de hoy. Y lo bueno que tiene tomar la entrada prestada (y sin consentimiento) es que lo único que tengo que hacer es añadir alguna reflexión.

¿Qué me dio por pensar al leer eso? Además de recordarme la canción de Huey Lewis & The News que da título a la entrada y que podréis escuchar más abajo, pienso que ese es el futuro al que estoy encaminado. De hecho es el porvenir "por defecto" de nuestra sociedad. Me refiero a la primera parte de la entrada; no me veréis vitoreando a ningún político, ni en el futuro más alejado que puedo llegar a concebir.

Y lo peor no es que la sociedad nos encamine a eso; lo peor es que ese estilo de vida se considera un triunfo, lo mejor a lo que se puede aspirar: un trabajo rutinario medianamente estable donde trataremos de ser lo menos explotados posible, donde al final de la jornada tendremos, con algo de suerte, unas horas de libertad. Y también con suerte tendremos los fines de semana libres. No contaré las mañanas para solidarizarme con ese gran porcentaje de la población al que le gusta dormir hasta tarde. Nos quedan dos tardes a la semana para nosotros. Bueno, menos dos Domingos al mes, que hay que ir a comer con la familia.

Ah, pero tenemos los quinces días de vacaciones. Esos no nos los quita nadie: nos pasamos todo el año trabajando, dejamos al lado cualquier actividad lúdica que podamos tener, y ¿cuál es nuestra recompensa? Quince días, que deberán satisfacer todas nuestras necesidades. Quince días agobiantes que serán progamados con precisión porque... ¡hay que aprovecharlos! Vamos a pasar otro año de mierda hasta los siguientes.

¿Y en qué nos convertimos? En el modelo actual de persona de mediana edad. Sin tiempo apenas para aficiones. Y el poco que tenemos lo gastamos en la mayor actividad sociocultural de la época: la televisión. Pero la vemos con clase, en nuestra pantalla de plasma de 42 pulgadas, que hemos comprado con ese crédito que ahora nos provoca dolores de cabeza a final de mes. Había otras de LCD más baratas y mejores, pero el vendedor, que hablaba muy bien y se veía que entendía, nos dijo que la de plasma era mucho mejor. Y nos va que nos manipulen, para qué engañarnos.

Si me permitís, trataré de desencarrilar.



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